Chernobyl, doloroso legado del siglo XX
Abr-29-05* Por Oleksandr Nykonenko, Embajador de Ucrania en Argentina

Pasaron 19 años desde la gran catástrofe de Chernobyl, que sacudió al mundo el 26 de abril de 1986 y que, junto con su siembra radiactiva, equivalente a la explosión de 500 bombas de Hiroshima, contaminó y condenó a muerte a cientos de miles de pobladores y destruyó para siempre el mito de una fuente de energía barata y segura.

Unas 200 toneladas de combustible nuclear del bloque número cuatro quedaron expuestas a la superficie y, junto con pedazos de mampostería y desechos radiactivos, fueron lanzadas al aire y diseminadas sobre Ucrania, Belarús, Rusia y otros países de Europa oriental y septentrional.

Quedaron contaminados con radioisótopos de iodo 131, cesio 137 y estroncio 90 unos 260.000 kilómetros cuadrados, área que comprendía un veinte por ciento del territorio de Belarús, ocho por ciento del de Ucrania y alrededor del uno por ciento de la Federación Rusa.

Ucrania es el primer país europeo que ha arrancado del corazón de su territorio unos 2600 kilómetros cuadrados, designándolos como “zona de exclusión”, no aptos para la vida normal, a sólo 150 kilómetros de su capital, Kiev.

Aún hoy figuran en los registros del Estado nacional ucraniano 2.646.106 personas, entre ellas 643.000 niños, afectadas por la catástrofe. Perciben, consecuentemente, algún tipo de ayuda social.

Además de la muerte de 5700 personas que combatieron el incendio, en su mayoría jóvenes de 20 años en promedio que se han convertido en héroes prácticamente anónimos, y del terrible daño a todo el ecosistema, se han perdido y se siguen perdiendo innumerables tesoros arqueológicos de esta región, verdadera cuna de la raza eslava y, según algunos historiadores, de la indoeuropea. Estas piezas se fueron perdiendo en las aldeas abandonadas de la zona por habitantes cuyas raíces familiares se remontaban incluso a antes de los orígenes de la Rus de Kyiv (siglo VIII). Esto constituye una verdadera pérdida para el patrimonio de la humanidad.

No cabe la menor duda de que esta explosión, que afectó a todo el continente europeo, también aceleró la desintegración de la Unión Soviética.

Como una trágica ironía de su historia, al sufrido pueblo ucraniano –que entre la Primera Guerra Mundial, su guerra libertadora de los años 1918 a 1920, sus tres hambrunas maquinadas por el régimen stalinista y la Segunda Guerra Mundial, perdió no menos de veinte millones de habitantes; le ha tocado lidiar prácticamente solo con las tareas de reparación de la terrible avería. Desde el inicio de su independencia, en 1991, y hasta 2004, el Estado ha invertido con este propósito más de 6500 millones de dólares, lo que ha representado un gasto anual promedio del cinco al siete por ciento del presupuesto nacional. Es cierto que hubo alguna ayuda de países amigos, pero el grueso del peso ha recaído sobre las espaldas del pueblo ucraniano.

Un nuevo esfuerzo para la alicaída economía del país lo constituyó, en diciembre de 2000, el cierre del último bloque de Chernobyl que aún funcionaba y que producía un cinco por ciento del total de la energía eléctrica generada en Ucrania. A pesar de la crisis energética y del grave problema que representó la desocupación de 9800 científicos, técnicos y empleados de la central nuclear, Ucrania cumplió con el memorando de entendimiento mutuo firmado en 1995 con el G-7 y la Unión Europea. Su objetivo era formar un pacto estratégico destinado a desarrollar la seguridad energética del país. Así, se estableció el Fondo de Protección de Chernobyl, administrado por el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo. El objetivo fundamental era dotar de una nueva estructura de protección al destruido reactor, puesto que la antigua, más conocida con el apelativo de “Sarcófago”, se estaba deteriorando peligrosamente.

Se reunieron unos 750 millones de dólares. Lamentablemente, este monto resultó insuficiente, por cuanto el presupuesto actualizado de esta estructura, cuyas obras comenzaron sólo el año último, ya excede los mil millones de dólares estadounidenses.

Esta tremenda desgracia para el pueblo ucraniano, bielorruso y ruso, pero cuyas consecuencias económicas recaen mayoritariamente sobre el primero, ha servido de inmenso laboratorio para la humanidad. En él se estudian las consecuencias producidas por la radiación en los seres humanos y el ecosistema en general. La cercana ciudad de Slavutych es un verdadero centro logístico. En toda el área afectada por los isótopos de cesio-137 y estroncio-90 el promedio de vida es de unos 30 años. Las radiaciones afectan a los seres humanos: se concentran en el tejido muscular (en el caso del primero) y en los huesos, reemplazando el calcio normal, en el segundo. Todo ello, junto con los efectos relativamente breves, pero agudos y graves del iodo-131, ha provocado cáncer de tiroides (especialmente en los niños), de huesos, leucemia y otros tipos de cáncer, a millones de personas. Sin embargo, en la zona queda una población estable (alrededor de 500 personas), en su mayoría gente de edad, que, o bien no quiso ser evacuada después de la explosión o se ha vuelto a sus abandonados hogares por razones sentimentales o económicas. Esta población que vive junto con sus animales domésticos al margen de la sociedad, que se alimenta de los frutos de su tierra contaminada y bebe la leche de sus vacas pastoreadas en campos radiactivos es un mudo testigo que debe servir de severa advertencia a toda la humanidad.

Sobre este tema, es importante recordar la deuda de gratitud ucraniana con el pueblo argentino, por haber cobijado, en varias oportunidades, a los chicos de Chernobyl, ayudándolos en su restablecimiento sanitario.

Gran ayuda fue brindada por la República de Cuba, que desde el inicio de la tragedia le ofreció desinteresadamente su auxilio al pueblo ucraniano. En el curso de estos 19 años, los cubanos ofrecieron tratamientos médicos gratuitos y calificados, en el lujoso balneario de Tarara, a más de 15.000 niños ucranianos, afectados por el desastre. Al mismo tiempo, no podemos dejar de mencionar la solidaridad prestada a Ucrania por países tales como Alemania, Italia y Francia, entre otros.

Ucrania, desde el día de su independencia, ha dado importantes pruebas de buena voluntad hacia la humanidad toda, evacuando las armas atómicas de su propiedad, destruyendo y entregando a otras potencias sus bombarderos estratégicos y cohetes portadores de ojivas nucleares y, finalmente, cerrando para siempre los cuatro bloques de energía nuclear de la central de Chernobyl. Sólo pretende que la humanidad tome debida nota de estos acontecimientos trágicos. La Tierra está cada día más globalizada y, si se quiere decir así, cada día más reducida. Lo que ocurre en otro país es como si ocurriese en otra habitación de una misma casa. Cuidemos todos esta casa nuestra; cuidemos nuestro futuro; cuidemos a nuestros hijos.

*Artículo publicado en el diario LA NACION, el 29 de abril de 2005

Home | Acerca de | Los Foros | Artículos | Noticias | Links
© 2002 Celaforum.org | Todos los derechos reservados | All rights reserved