Sres. Miembros del Comité Noruego del Premio Nobel
2003-2005

De mi consideración:

Me complace sumar mi mas calurosa adhesión al pedido de que Václav Havel sea nominado para el Premio Nobel de la Paz del año 2004.

Havel, el ex presidente de la República Checa es uno de los ciudadanos más renombrados de ese país, no solo por su lucha por los derechos humanos y la democracia, sino por ser el constructor de una nueva concepción de la acción política fundada en la paz y el respeto mutuo.

En su faceta de artista le cupo a Havel salvar una considerable porción del patrimonio cultural checo, a través de su obra literaria, artículos y piezas teatrales, tales como "The Garden Party", obra escrita cinco años antes de que la Primavera de Praga de 1968 sucumbiera ante las fuerzas de ocupación del totalitarismo. En aquel entonces el suicidio a lo "bonzo" del ciudadano Jan Palach que reclamaba en contra de la ocupación soviética colocó una gran carga de presión sobre el presidente Alexander Dubcek, para que llevara adelante reformas democráticas: Havel fue el portavoz del ruego desesperado de Palach en nombre del pueblo checo.

Junto con el filósofo Jan Patocka y otros activistas por los derechos del hombre, Havel suscribió la "Charter 77" que resumía los principios del acuerdo de Helsinki y en el que se instaba a los checoslovacos a resistir la injusticia asumiendo la responsabilidad de los ciudadanos libres.

Cinco años en la prisión agregaron templanza a su alma, e inspiración para su célebre ensayo "The Power of the Powerless", publicado en 1978, fecha que une en el dolor y el padecimiento a argentinos y checos, ambos pueblos sometidos por regímenes autoritarios. En ese trabajo Havel expuso la esencia del régimen soviético y describió los medios y los mecanismos utilizados por el comunismo en su intento de crear una sociedad débil y resignada compuesta por individuos timoratos y moralmente corruptos.

En 1989, año del inicio de la implosión del la Unión Soviética, y como líder conspicuo de la "Revolución de Terciopelo", Havel enfrentó la tarea de democratizar al gobierno y a la sociedad checa, primero como presidente de Checoslovaquia (1989) y más tarde de la República Checa (1993).

Tal como dijera el representante demócrata de los EE.UU Walter Capps: "El presidente checo es el producto de una cultura cuyos artistas e intelectuales han tenido durante cincuenta años un coraje extraordinario en su compromiso por el gobierno democrático en aras del bien común."

Profundamente involucrado en los asuntos internacionales, Havel viajó por todo el mundo reuniéndose con la mayoría de los líderes de Europa, los presidentes norteamericanos, y también de los países otrora soviéticos. Su figura ha sido respetada como un presidente leal e imparcial y como una autoridad integradora en el conflicto local relacionado con la difícil relación entre checos y eslovacos.

Su trabajo político y profundamente humano ha sido reconocido y premiado en todas las latitudes: Premio Olof Palme (1989), Premio Simón Bolivar; Premio de la UNESCO por la Enseñanza de los Derechos Humanos (1990), La gran Cruz de la Orden de la legión de Honor (1990); Premio Chalemagne (1991), Premio Sonning (1991) y el Premio Theodor Heuss (1993), entre otros.

En el mismo espíritu Václav Havel ha sido distinguido con los doctorados honoris causa de las siguientes casas de estudio: York University, Toronto, Canadá; Le Mirail University, Toulouse, Francia; Columbia University, New York, EE.UU; Hebrew University, Jerusalem, Israel; The Free University of Bruselas, Bélgica; y otros.

Muy consciente de los cambios de la Pos Guerra Fría, en febrero de 1990 en oportunidad de asistir al Congreso de los EE.UU., disertó sobre los ideales democráticos y el resurgimiento del espíritu humano. Havel, propuso que la nueva etapa que se abría debería ser: "Una era de multipolaridad en la que todos nosotros, pequeños y grandes, antiguos esclavos y antiguos amos, seremos capaces de crear aquello que vuestro gran presidente Lincoln llamó 'la familia del hombre'."

Por estas razones, su vida militante y sus poderosos ideales democráticos son un ejemplo que merecen largamente su nominación.

                                                                                                                                Los saluda cordialmente,

                                                                                                                                            Jesús Rodríguez

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