Proyección de "Videograma de una revolución"
Jul-02-03 - por Matías Henschien

El Jueves 26 de junio a las 20hs., se realizó una proyección privada del documental llamado Videograma de una revolución en el Centro de Estudios Nueva Mayoría cuyo director, Rosendo Fraga fue el anfitrión. Asistió como invitado especial, el embajador rumano en la Argentina, Alexandru Víctor Micula. El documental, cedido por el Goethe-Institut Buenos Aires e INSTITUCIÓN, muestra la revolución rumana de los últimos días de 1989 a través de la cámara de Harun Farocki, un director alemán que cuenta con varios documentales en su carrera. El diplomático rumano, su señora, y el Consejero de Turismo y Cultura de la Embajada, Ion Mirica, se mostraron muy entretenidos y satisfechos por la invitación. Durante toda la muestra, el señor Micula compartió comentarios con Rosendo Fraga.

La interesante recopilación de videos de aficionados y escenas de la misma televisión rumana durante los días de la revolución, dan a conocer imágenes y aspectos que no fueron vistas en el momento en que se produjo la caída del dictador Nicolae Ceaucescu. A medida que los hechos pasaban, y el conflicto crecía, la gente se fue animando a salir a la calle a filmar todo lo que les parecía de interés, quebrando de esta forma la prohibición del régimen de filmar cualquier disturbio por parte de la televisión local o cualquier persona. En los primeros días de manifestaciones, solo se podía observar las imágenes de aficionados desde sus propios departamentos. La noche del 23 de diciembre se produjeron grandes disturbios por toda la ciudad y fueron varios los aficionados que filmaron desde sus balcones y ventanas. Las manifestaciones en repudio al gobierno tuvieron como consecuencia un intento de Ceaucescu de confirmar al pueblo a favor suyo al organizar un acto masivo en la plaza de Bucarest el día 21 de diciembre de 1989. Durante este acontecimiento, en el cual el dictador pronunció un discurso desde el balcón del Comité Central, se empezaron a producir abucheos y disturbios de la gente que intentaba entrar en el edificio. La televisión rumana, al momento de producirse los abucheos, se queda en plano con Ceaucescu quien interrumpe su discurso y entra en el recinto acompañado por sus escoltas, una vez calmada la gente y con el dictador nuevamente en el balcón, continúa el discurso desde el mismo momento en que se interrumpió, como si tan solo hubiese sido un fallo técnico.

En las primeras horas del 23 de diciembre es dada a conocer la noticia del suicidio del que era en aquel momento ministro de Defensa. A través de un diálogo entre dos civiles se observa que nadie confía en la veracidad de este hecho ya que no era la primera vez que sucedía, por lo que nadie confiaba en las fuentes oficiales. Esa mañana, el ejército hace su primera aparición disparando contra la Securitate, la fuerza especial secreta del régimen, la gente avanza hasta la plaza de Bucarest enfrente al Comité Central, y luego de la huida en helicóptero del Ceaucescu y su mujer Elena, entran al edificio provocando grandes destrozos y tirando libros desde el balcón a la plaza. Al mismo tiempo, otro gran número de personas se dirige a los edificios de la televisión rumana, algunos de ellos entran a tratar con los directivos para conseguir respaldo y colaboración. Uno de los que ingresa se identifica como coronel del Ejército, pero luego lo desmiente. Así, tras una reunión privada de los directivos con los invasores al edificio, se decide entregar un estudio para poder transmitir, además de la colaboración con los materiales tecnológicos que se precisen.

Esa noche se obliga al Primer Ministro a salir al balcón del Comité Central a anunciar públicamente la caída del gobierno. Lo curioso fue que tuvo que repetir sus palabras dos veces ya que la gente que se encontraba en la plaza lo acusaba de mentiroso y no creía en lo que decía. A partir de ese momento, la revolución tomó el control de la situación y empezaron a buscar y arrestar a los oficiales y personas que se creía estaban a favor del régimen. Se anunció un apoyo del extranjero a la caída del dictador y la supuesta visita de un diplomático de la ONU para dar su ayuda y colaboración. Así quedaron conformadas como las fuerzas publicas únicas, el Ejército y el Ministerio del Interior. Luego comenzaron en desorden las propuestas acerca de lo que se debería hacer y cambiar, cada centro de reunión era un verdadero escándalo ya que la gente se amontonaba y todos, por decirlo de alguna forma, trataban de opinar. Algunas de las medidas que se dieron en el transcurso de estas horas fueron la abolición del partido único, la organización de elecciones libres a desarrollarse lo más pronto posible, y algunas medidas urgentes en cuanto energía, alimentación, y transporte. También se discutió mucho el nombre que se le daría a este movimiento que estaba en el poder, el cambio de "Rumania Socialista" a tan solo "Rumania" y el retorno a la simple bandera tricolor.

Ceaucescu y su mujer fueron arrestados en el momento en que trataban de salir del país, en la madrugada del 24 de diciembre, y fueron trasladados en tanque hasta la capital. Una vez allí, mientras se mostraban imágenes de ambos en una revisión médica para conocer si habían sido heridos, se dio a conocer la decisión de juzgarles. Algunas horas después el veredicto ya estaba decidido, la pena de muerte por medio del fusilamiento en la plaza mayor de Bucarest. Los cargos por los cuales fueron ejecutados el dictador y a su mujer son: genocidio, deterioro del poder de la Nación, destrucción de edificios y territorios, deterioro de la economía nacional, intentar huir del país con la idea de quedarse con el dinero que estaba guardado en el extranjero. Todo esto se dio por la televisión en cámara única, lo que quiere decir que solo había una cámara presente en el lugar del veredicto y en los demás lugares donde hubiese televisión era donde se encontraban los periodistas para hacer su trabajo. La mañana posterior al veredicto, las imágenes de los cadáveres en la plaza fueron transmitidas en la televisión, la gente frente a las mismas solo aplaudió, en contraposición a la noche anterior donde habían gritado y ovacionado la decisión de la pena de muerte.

Cuando finalizó el documental, el embajador Micula compartió con el público asistente un poco de su propia experiencia durante la revolución, comentando que él en aquellos días se encontraba con el ejército en una de las provincias de Rumania, y aseguró que los conflictos violentos se habían producido prácticamente solo en Bucarest. También comentó de manera distendida haber "descubierto", gracias a la película cómo fue que varios de sus colegas que hoy trabajan en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rumania consiguieron su lugar ya que pudo reconocerlos en las imágenes del film.

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