Discurso del presidente de la República Checa, Václav Havel, en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Nueva York, EE.UU.
8 de septiembre, 2000

¿Cómo se verán el mundo y las Naciones Unidas en cien años? Existen innumerables posibilidades, desde la más espantosa hasta la ideal. Iría en contra de nuestra principal obligación política perseguir las peores en vez de las mejores alternativas.

¿Cómo deben actuar las Naciones Unidas en el contexto de desarrollo favorable del mundo y cómo deben contribuir a realizar dicho desarrollo?

En primer lugar, debe cambiar su enfoque de enfrentamientos entre intereses particulares de varias naciones hacia una plataforma conjunta de toma de decisiones basada en la solidaridad sobre cómo organizar mejor nuestra vida en el planeta. Más precisamente, debería pasar de ser una comunidad de gobiernos, diplomáticos y funcionarios a conformar una institución conjunta para cada habitante del planeta, quienes la considerarían como su Organización propia por la que gastarían dinero no sólo para que los defienda como individuos sino para que, con el permiso del pueblo, busque formas de lograr un bienestar duradero para la humanidad y una genuina calidad de vida.

De este modo, las Naciones Unidas deberían descansar sobre dos pilares: uno constituido por una asamblea de representantes de países individuales, que se asemeje al plenario actual, y otra formada por un grupo elegido directamente por la población mundial, en el que el número de delegados que representen a las naciones individuales se adecue a las dimensiones de las naciones. Ambos organismos crearán y garantizarán la legislación global. El Consejo de Seguridad –o su sucesor- serviría como órgano ejecutivo que maneje algunos de los problemas cruciales del mundo.

Por supuesto, la composición de este órgano debería ser distinta a la del presente Consejo de Seguridad. Las calificaciones y personalidades de los miembros probablemente deban llevar más peso que la circunstancia del país del que provienen. Además, el derecho a veto probablemente no deba ser ejercido por un único miembro. Las Naciones Unidas del futuro deberán tener su propia fuerza militar y policial permanente. Este órgano superior ejecutivo debería controlar el cumplimiento de las leyes y decisiones de la Organización y procurar su aplicación en áreas de seguridad, derechos humanos, medio ambiente, alimentación, competencia económica, salud, finanzas, desarrollo local, etc.

Siempre que me enfrento con un problema de la civilización actual, inevitablemente llego a la misma conclusión: el tema de la responsabilidad humana. Esto no significa simplemente la responsabilidad de un ser humano hacia su propia vida o subsistencia, hacia su familia, su empresa o comunidad. También significa la responsabilidad ante lo infinito y lo eterno, en una palabra, responsabilidad por el mundo. En rigor de verdad, creo que el objetivo principal que debemos perseguir en esta era de la globalización es el sentido de la responsabilidad global.

En alguna parte de los pilares fundamentales de las religiones del mundo, encontramos básicamente los mismos imperativos morales. Es en estos ideales que debemos buscar la fuente, la energía y el carácter distintivo de la renovación global hacia una verdadera actitud de responsabilidad por nuestra Tierra y todos sus habitantes como también por las generaciones futuras. Sin el carácter distintivo que emane del renovado sentido de la responsabilidad global, cualquier reforma de las Naciones Unidas sería impensable y no tendría sentido alguno.

Permítanme concluir expresando un profundo elogio por el informe preparado para esta Cumbre por el Secretario General. Detrás de estas propuestas, veo precisamente el mismo carácter distintivo que recién describí.

Muchas gracias.

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