Discurso en recordatorio de la liberación de Terezin
21 de mayo, 2000

En estos días recordamos la liberación de Terezín, que surgió hace cincuenta y cinco a os, de una ciudad, que por la decisión de los nazis, se convirtió por a os en un lugar de sufrimiento y de muerte de miles de seres humanos. Mientras el Fuerte peque o fue un lugar de persecución del pueblo checo y el espacio donde se ajustaban cuentas con los miembros del movimiento de resistencia, la misma ciudad de Terezín se convirtió en un ghetto, en un lugar transitorio y en muchos casos en una estación final de los Judíos de toda la Europa, de los Judíos, la nación que fue, por una decisión tremenda de los nazis, destinada a la extinción. Lo llamaron eufemísticamente "la solución definitiva".

Pero las víctimas del nazismo morían también en un campo de concentración en la cercana ciudad de Litomerice. Además, también, después de la liberación de Terezín se moría gente a consecuencia del trato inhumano y por epidemias.

Rindo honores a la memoria de todos aquellos quienes arriesgaron sus vidas en la lucha contra el nazismo, quienes cayeron en esta gran lucha por la salvación de la humanidad, quienes fueron ejecutados o torturados, quienes no están entre nosotros el día de hoy.

"La cadena a la cual se parte un eslabón ya nunca puede ser lo que era". Estas palabras fueron escritas por Karel Polácek unos días antes de ser incluido en el transporte que lo llevó a los brazos de la muerte. Con la cadena entendió la sociedad multinacional de los Países Checos y como miembro consideró a los Judíos que vivieron en su territorio. Pero los nazis trataron de eliminar también a otra nación que vivió aquí, a los gitanos checos, los Romas. El Holocausto dejó una herida que no cicatriza en esta cadena imaginaria de la correlación entre naciones. Y no solamente nuestro país - todo el continente europeo fue así terriblemente marcado.

Estos horribles acontecimientos tenemos que volver a recordarlos siempre. A esto nos compromete el respeto al inmenso sufrimiento de nuestro prójimo, el deber de recordar y honrar su sacrificio y también la voluntad de tomar conciencia de la propia identidad, cuya parte inseparable es, asimismo, la conciencia de la historia real de nuestra sociedad.

La necesidad de recordar una y otra vez la tragedia de las víctimas del Holocausto, cuyas repercusiones interfieren en las vidas de hoy, estaba en los principios del proyecto checo - hoy día ya internacional - El Fenómeno Holocausto -, que auspicié. Este proyecto apunta al conocimiento más profundo de los momentos trágicos de nuestra propia historia, sobre todo del Holocausto de los Judíos y los Romas, a la reflexión y al entendimiento del Holocausto como parte de nuestra historia.

Siento que especialmente en las postrimerías del siglo es necesario recordar con más intensidad estos hechos. La atmósfera de nuestra actualidad recuerda en muchos rasgos al fin de siglo que hace cien años trajo, desgraciadamente a Europa, también el antisemitismo racial "científico". Igualmente hoy nos encontramos rodeados por los conflictos raciales, nacionales y religiosos, con los cuales los sedimentos más profundos de los complejos y de los deseos suprimidos salen a la superficie tomando la forma de odio y maldad. Las postrimerías traen en sí la esperanza en la reordenación justa de la sociedad humana. La realidad de hoy contiene en sí la promesa del amanecer y de la gran advertencia. Es del interés de toda la humanidad que ya no se rompa ninguna de las siempre renovadas cadenas por lo que fuera destruido cualquiera de sus eslabones.

Me gustaría que podamos honrar la memoria de todos los ejecutados, deportados y torturados no solamente en conmemoración de las vidas humanas malgastadas sin sentido, pero como algo más, como una conmemoración de personas, que ayudaron redimir el destino de los sobrevivientes. Esta gente murió, en cierto sentido, para que los otros pudieran vivir honestamente. En esto no cambia nada la realidad de que la mayoría de ellos no eligió este destino. Depende de nosotros si podemos de veras cumplimentar nuestra libertad de hoy, si podemos enfrentar la maldad también en sus primordiales, aparentemente inocentes expresiones, si podemos enfrentar incluso la indiferencia a estas expresiones de la maldad.

La conmemoración de las víctimas que hoy honramos debe convertirse en memento y en llamamiento imprescindible para las generaciones del siglo que comienza.

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