Václav Klaus, el Presidente checo
Por Ricardo López Güttig*

Tras un decenio en la presidencia de la República Checa, el dramaturgo y ensayista Václav Havel terminó su segundo período y el parlamento eligió a su sucesor por los próximos cinco años, el economista y fundador del Partido Cívico Democrático Václav Klaus. Ya en las jornadas intensas de la revolución de terciopelo, en noviembre de 1989, Klaus descolló como el economista del naciente Foro Cívico, un amplio movimiento que aglutinaba a las más variadas corrientes de la ciudadanía checa que deseaba el fin del régimen comunista. Integraba, como economista, el llamado Instituto de Previsión de la Academia de Ciencias de la República Socialista Checoslovaca que, curiosamente, investigaba cómo llevar adelante una transición a la economía de mercado. El Foro Cívico, compuesto mayormente por estudiantes de filosofía y artes escénicas, escritores, filósofos y científicos, necesitaba transmitir certidumbre a la ciudadanía, y por ello recibió con los brazos abiertos a los economistas del Instituto de Previsión. No todos sus miembros coincidían en el rumbo y en la velocidad de los cambios. Valtr Komárek, director del Instituto y que luego fue viceprimer ministro hasta 1992, proponía seguir el modelo sueco del Estado del Bienestar. Otros, como Milos Zeman, que después fue primer ministro de la República Checa desde 1998 hasta el 2002, alentaban una transición gradual al capitalismo. Václav Klaus, como ministro federal de Finanzas, impulsaba una política inequívoca a favor de la desmonopolización, la liberalización de precios, la privatización de empresas, tiendas y hogares, y la apertura al comercio y la inversión internacional. Fue, no obstante, cauto en comparación con la experiencia polaca del ministro Leszek Balcerowicz, ya que el Foro Cívico debía ganar los comicios generales de junio de 1990, para sacar de la escena al Partido Comunista.

En las elecciones, Václav Klaus compitió como candidato a diputado del Foro Cívico en la región de Moravia del Norte, la más afectada por su política de austeridad y racionalización de las empresas estatales. A pesar de los pronósticos agoreros, Klaus ganó los comicios en esa región y fue el candidato individualmente más votado con el sistema de sufragios preferenciales en toda la República Checa.

Esta victoria electoral lo alentó a disputar la presidencia del Foro Cívico, postulándose en contra del favorito de Václav Havel, y logró ese cargo con dos tercios de los votos de la convención del movimiento. A partir de allí, Klaus convirtió al Foro Cívico en un pilar de la reforma económica y política, expulsando de su seno a los trotskitas y comunistas nostálgicos de Alexandr Dubcek. Meses después, propuso su conversión en partido político y abandonar el carácter de movimiento amplio y horizontal. Arguyó que así como las terceras vías en lo económico no son viables, tampoco lo son en la política. Y, recordando las enseñanzas de Friedrich Hayek, afirmó que el mercado, el parlamentarismo, el Estado de Derecho, la democracia y los partidos políticos son el resultado de la experiencia social de varios siglos en Occidente, no el resultado de una elucubración intelectual, y que debían tomarse como un todo y no por partes. Los seguidores de la "política no-política" de Václav Havel y la Carta 77, optaron por seguir su propio sendero, y ello produjo la división del Foro Cívico, a principios de 1991. Václav Klaus fundó el Partido Cívico Democrático (ODS es su sigla en checo), en tanto que los "no-políticos" siguieron juntos en el Movimiento Cívico.

La nueva prueba de fuego para Klaus fue la elección de 1992, en las que el ODS emergió como la principal fuerza política en la República Checa, y el populista nacionalista Vladimir Meciar en Eslovaquia. La ciudadanía checa puso en evidencia que daba prioridad a la reforma económica y a la inserción en el mundo occidental, a la vez que los eslovacos prefirieron dar sus sufragios a quien defendía un Estado del Bienestar populista, nacionalista y nostálgico de la industrialización socialista, que hasta 1990 estuvo orientada a fabricar armamentos para el Pacto de Varsovia. La consecuencia fue el conocido divorcio de terciopelo, un proceso de separación pacífica de Checoslovaquia en dos naciones independientes y soberanas, en contraste con la cruenta tragedia yugoslava. Václav Klaus fue primer ministro checo hasta fines de 1997, cuando su gobierno de coalición se desmoronó por denuncias de donaciones poco claras para campañas electorales. Sin embargo, él y su partido siguieron siendo la principal fuerza de oposición al gobierno socialdemócrata de Milos Zeman, que con su apoyo parlamentario privatizó la banca y varias empresas.

La actitud ante Klaus varía del amor al odio, pero merece el respeto general por su reconocida inteligencia y seriedad profesional. Como euroescéptico, señala sus temores ante la constante intromisión de la burocracia de Bruselas en cada uno de los aspectos de la vida cotidiana en la Unión Europea, a la cual la República Checa ingresará el año próximo. En la presidencia, simbolizará a aquellos intelectuales de Europa central que abandonaron a Karl Marx para leer a Milton Friedman y Friedrich Hayek, en busca de inspiración sobre los fundamentos de una sociedad libre.

*Historiador y novelista.

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