La justicia retroactiva en Sudáfrica, la Argentina y la República Checa
por Rosendo Fraga

El lugar, la embajada de Sudáfrica en Praga. La circunstancia, una comida que reúne alrededor de una mesa a checos, sudafricanos y argentinos, que se encuentran en esta ciudad participando del Foro convocado por el Presidente Václav Havel para “tender puentes entre las brechas del mundo globalizado”.

El ex-presidente de Sudáfrica Frederick Willem De Klerk -artífice junto con Nelson Mandela de la incruenta salida del apartheid-, plantea el problema al cual se encuentra abocado: cómo resolver la creciente salida de los profesionales jóvenes más calificados de su país, que emigran hacia el mundo desarrollado. El que suscribe, señala que en la Argentina, se vive el mismo fenómeno y la razón es similar: después de Macedonia con 34% de desempleo -ex-República Yugoslava que vive una guerra civil-, Sudáfrica con 25%, Marruecos con 22% y la Argentina con 21,5% son los países con más problemas de trabajo del mundo.

Si a ello se suma un horizonte incierto, podría explicarse el por qué del fenómeno análogo que sufren los dos países y que también a su vez padece Marruecos, lo que ha endurecido la política migratoria española.

Pero un jurista y constitucionalista checo introduce un nuevo tema, diciendo: “Los tres países que estamos alrededor de esta mesa, tenemos un mismo problema: la justicia retroactiva”.

Explica entonces que en los tres casos se ha planteado la revisión judicial de los excesos cometidos por los regímenes autoritarios en el pasado: el comunismo en la república checa, el apartheid en Sudáfrica y el último gobierno militar en la Argentina.

Las opiniones se van desgranando con más calor. Pavel Bratinka ex-subsecretario de Relaciones Exteriores del Presidente Havel, expresa que los delitos cometidos por la represión comunista, han quedado impunes en su gran mayoría, que fueron ejecutadas centenares de personas y que en los campos de detención murieron diez mil más. Ivo Silhavy, asesor político del Presidente checo, comenta que la revisión del pasado es un tema planteado en la sociedad checa, pero que Václav Havel sostiene que no hay que permitir que la historia nos impida el futuro.

El ex-presidente de Sudáfrica comenta que su consigna en la compleja y delicada transición de su país, siempre fue “sean suaves con el pasado”, impidiendo que los conflictos anteriores frustren la convivencia del futuro.

El embajador de Sudáfrica en Praga, el Dr. Noel N. Lehoko -un sudafricano afro que estudió en Checoslovaquia en la época comunista y que hoy reconoce las ventajas del sistema capitalista en el país en el cual ahora es embajador-, respalda los puntos de vista de Frederik Willem De Klerck respecto a la necesidad de la conciliación, reconociendo el gran papel que ha tenido en su país Nelson Mandela en este sentido.

A su vez Marc S. Ellenbogen -un alemán que ha vivido en Canadá y que es ciudadano norteamericano habiendo servido en las fuerzas armadas de los Estados Unidos-, quien es Presidente de la Sociedad de Praga, que ha organizado el encuentro, insiste en los riesgos que puede implicar dejar impunes los crímenes tanto del comunismo como del fascismo.

Por su parte quien suscribe sostiene que en el caso argentino se dieron dos etapas. En la primera, el presidente Alfonsín en los años ochenta, intentó una revisión controlada del pasado, que derivó en más de mil procesos a personal militar y policial, lo que a su vez provocó tres crisis militares que obligaron a sancionar leyes que limitaron la revisión del pasado, para que después el presidente Menem a comienzos de los años noventa, cerrara estos procesos, logrando la subordinación militar al poder civil.

Agregó que quizás no sea casual, que Nelson Mandela en Sudáfrica, Václav Havel en la República Checa y Carlos Menem en la Argentina, tuvieran la autoridad política para evitar un ejercicio amplio de la “justicia retroactiva”, porque los tres habían sido víctimas de la represión. El primero preso durante décadas, el segundo privado de su libertad durante cinco años y Havel detenido también en su país por su oposición al régimen comunista.

Se habla de realizar un encuentro en 2004, para analizar las transiciones hacia la democracia en países de América Latina, Europa Central, África y Asia.

El embajador argentino en Praga, Juan Eduardo Fleming, señaló la conveniencia de profundizar este tipo de intercambio, para acercar a los países.

Una norteamericana asistió al encuentro contemplando la discusión, a veces apasionada entre sudafricanos, checos y argentinos. Es Hazel Henderson, reconocida “futurista”, quien comenta como al pasar que usa un auto eléctrico que permite manejar a 140 millas, que se recarga con energía solar y que si no fuera por los intereses petroleros, perfectamente todo el mundo podría usar su mismo vehículo.

Probablemente había sido invitada a la reunión para plantearnos el mundo del futuro, pero la temática del presente que enfrentan los países que buscan consolidar la democracia e incorporarse plenamente al capitalismo en el mundo globalizado, centrada en temas como la justicia retroactiva o cómo evitar la fuga de cerebros, nos ha impedido aprovechar su presencia para poder advertir las enormes posibilidades del mundo del futuro.

Es un buen ejemplo de la idea de Václav Havel sobre el riesgo que la historia nos impida ver el futuro.

Rosendo Fraga
Director del Centro de Estudios Nueva Mayoría

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